El fin de la civilización humana. Un legado digital que no existe sin electricidad.

Sabemos de las grandes civilizaciones antiguas mediante los vestigios físicos de su cultura, sus ruinas y en muchos casos a través de su escritura.

Desde los sumerios hasta la más cosmopolita urbe actual del planeta es imprescindible la transferencia de ideas a través de símbolos. Solo así fue que mediante ideogramas o letras que representaban inicialmente ideas y posteriormente sonidos o fonemas, la gente acumuló conocimiento de sus ancestros a modo de convertirse en un ente que no solo está supeditado a un tiempo de vida promedio para aprender sobre los hechos que lo rodean, sino que es por medio de la tecnología del “lenguaje” que un ser humano puede adquirir la experiencia de otros miles y acumular a su vez, miles de años de eventos, teniendo la capacidad de aplicar lo aprendido sin volver a recorrer el mismo camino, es semejante a que la especie humana se haya convertido en una unidad pensante global cuya conciencia sobrepasa los límites del tiempo. Siendo así que pasó de ser un simple mortal y pudo volverse “inmortal”.

Un lenguaje es un sistema de comunicación estructurado para expresar experiencias y compartirlas.

La escritura es un mecanismo que no tiene más de 5000 años, un método que plasma observaciones sensoriales o eventos abstractos de una manera universal, que muestra perspectivas y describe al mundo. a tal grado que en el año de 1440 nació la manera de transferir ideas intergeneracionalmente, sin barreras del tiempo, ni del espacio naciendo la imprenta de Johannes Guttemberg que diera paso posteriormente la época de la ilustración donde se concetrarían los conocimientos más importantes del siglo XVII en Europa. Cabe mencionar que el lenguaje hablado no es el único método capaz de comunicarnos y más allá de las variantes idiomáticas, existen otros tantos como las matemáticas, que son incluso más precisos que el mismo lenguaje hablado .

Pero todos recordamos el fatídico caso de Alejandría, una vida tortuosa y plagada de problemas, que vivió la biblioteca más grande del siglo III antes de Cristo. Incendios, guerras y saqueos provocaron la pérdida de documentos de ciencia, literatura, religión y medicina, que había sido acumulado por cientos de años. ¿Qué habría pasado si hubiera subsistido a nuestros días? Tal vez tendríamos 2000 años más de conocimiento y seguramente ya seriamos una especie estelar.

La piedra Rosseta, un documento escrito en piedra, en 3 idiomas, jeroglífico, egipcio y griego siendo clave para entender las inscripciones egipcias.

Pero que está pasando en la actualidad, que a partir de mediados del siglo veinte con el nacimiento de la era de la informática a la fecha estemos dejando toda esa experiencia humana plasmada solo en bits y bytes. Tal es el caso de la afamada “Enciclopedia Británica”, la más grande enciclopedia de todos los tiempos que consta de 40 millones de palabras y 500 mil temas (y sigue creciendo) que aglomera todo el conocimiento de nuestra especie, resultado de investigaciones de premios Nobel, y nuevos descubrimientos, inventos y aplicaciones tecnológicas, pero que tristemente dejó de imprimirse desde marzo del 2012 para concentrarse en su versión web. Tal vez porque es más cómoda su transferencia, la velocidad de intercomunicación, y la actualización de los textos es casi Inmediata, y al final cumple con el propósito del lenguaje que es en si la transferencia de ideas, pero con el peligro de que el día que llegue “el gran apagón“, posiblemente por una guerra, una epidemia o un suceso catastrófico, todo ese mundo que habita en un entorno sin barreras físicas de unos y ceros y que sólo existe cuando tiene un flujo eléctrico a través de los dispositivos electrónicos, lleve subsecuentemente a la destrucción INMEDIATA de todo documento histórico de nuestra existencia como especie inteligente para que se convierta sin duda en la era oscura de la información . Un hipotético momento en el tiempo donde cursaremos de nuevo un ciclo para volverlo a comprender todo, para regresarnos de nueva cuenta a la era de piedra y como siempre, a un nuevo amanecer humano o ¿Quién sabe? Tal vez nos lleve a su ocaso y a nuestra propia extinción.

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